Presentación Martes, Jul 29 2008 

Esta página web es el resultado de la lectura (en castellano) de toda la obra atribuida a William Shakespeare (1564-1616) y la visión de buena parte de las películas basadas en ella. Comento cada una de las obras, destacando algunas de sus máximas. Ofrezco también la lista completa de los filmes.

Shakespeare total incluye entradas individuales para cada obra (ver listado en la columna izquierda), un índice de las ediciones consultadas, un listado de las ediciones de su obra completa, una bibliografía sobre la obra de Shakespeare, una cronología, una clasificación por estilos, datos históricos de los personajes, un comentario sobre las traducciones, un listado de películas (resumido y completo) y una justificación del trabajo.

Las traducciones Lunes, Jul 28 2008 

Las obras de teatro isabelinas se componían en verso no rimado, con la métrica del pentámetro yámbico, el endecasílabo español. Pero esta estructura se tomaba como referencia, rompiéndola cuantas veces creía necesario el autor, lo que daba al texto libertad y le quitaba monotonía.

En 1929, el traductor Luis Astrana Marín (1889-1959) volcó al español -en prosa- las Obras Completas de William Shakespeare. Las publicó en Aguilar, y han conocido múltiples reediciones hasta nuestros días. Se cuenta que uno de los textos de cabecera de Federico García Lorca eran estas traducciones. Cosa bastante probable, puesto que en 1931 estrena sus Bodas de sangre, sobre el amor entre dos miembros de familias enfrentadas que acaba en tragedia, como Romeo y Julieta.

En 2007 Galaxia Gutenberg editó un tomo con el Teatro Completo de Shakespeare en castellano, dirigido por Ángel Luis Pujante e ilustrado por Jaume Plensa. El texto incluye algunas de las traducciones de Astrana, que ha sido calificado de ampuloso y no muy fiel al original. De todos modos, el libro se me hace antipático, además de no contener la obra completa de Shakespeare, al excluir la poesía.

Así que me he decidido por una edición de 1974 del texto de Astrana Marín, aún no superado en lengua castellana por una iniciativa única, puesto que las traducciones de José María Valverde (Teatro Completo, 1967 y 1968, Planeta) y Ángel Luis Pujante (desde 1986, Espasa Calpe, en verso) no abarcan la obra en toda su extensión. No quiero dejar de nombrar la traducción, también en verso, dirigida por Manuel Ángel Conejero, de la Universidad de Valencia, hoy incompleta también.

Las ediciones comentadas han sido realizadas por editoriales españolas, pero también hay un caso reciente de publicación de las Obras Completas en curso, por parte de la argentina Editorial Losada y desde 2006, divididas en cuatro tomos: I. Tragedias; II. Comedias; III. Comedias sombrías. Dramas romancescos. Poemas; y IV. Dramas históricos. Cada pieza está traducida por un autor distinto. El tomo III ha salido a la venta en 2009.

Además del corpus oficial shakesperiano recopilado y traducido por Astrana, hay tres obras de teatro atribuidas al autor que han sido publicadas en respectivas ediciones independientes (ver los datos editoriales al final de la entrada Índice de las ediciones a consultar). Su autoría se sigue discutiendo, aunque en los tres casos la Royal Shakespeare Company les ha dado carta de autenticidad. Se trata de Eduardo III, Los dos nobles parientes e Historia de Cardenio.

(En la imagen, exterior del Teatro El Globo, donde se representaron muchas de las obras de Shakespeare)

Justificación Sábado, Jul 26 2008 

Seguramente, el origen y la recuperación de esta pasión ha sido el recuerdo imborrable del tópico que asegura que en la obra de Shakespeare está clasificado por arquetipos todo el comportamiento humano. Sé que la lectura pormenorizada me llevará a plantearme las eternas contradicciones: mi educación sentimental -mal que les pese a los que dirigieron la oficial- está basada en los ideales de la Revolución Francesa. Me considero absolutamente racionalista, políticamente progresista y desprecio los residuos -tan arraigados- de pensamiento mítico en nuestros despistados días.

William Shakespeare era un hombre del Renacimiento. De vasta cultura, casi ninguna de sus obras tiene un argumento original, sino que resultan ser elaboraciones de textos anteriores, muchos de ellos de la antigüedad clásica. Se le ha llamado filósofo, psicólogo, historiador, bromista, mitólogo, plagiario, comediante… Fue dramaturgo, poeta y actor.

Aparecen continuas reflexiones que, a los ojos de un lector contemporáneo, pueden calificarse sin género de dudas como retrógradas, machistas y racistas. Pero su modo de reflexionar acaba tumbando todo prejuicio porque consigue llegar al tuétano de la condición humana. Sus mujeres sometidas, sus judíos y negros vilipendiados, sus bufones de clase popular, sus villanos, todos tienen textos en los que expresan su autodefensa, aunque en el conjunto de la obra sean maltratados por la trama.

Shakespeare, o quienes quiera que fuesen el autor o autores del conjunto de obras que nos han llegado con ese nombre, es uno de los pilares de la mitología humanista. Con esto quiero decir que una de mis microrreligiones, la mitomanía, incluye la creencia de que sí hay genios, espejos en los que mirarse: músicos como Bob Dylan, que basa su incombustibilidad en el descreimiento y lleva décadas generando una obra gigantesca; pintores como Francisco de Goya, captando sin descanso el reverso de la especie; o cineastas como Orson Welles, que demostraba con cada una de sus obras que la honradez artística puede ir pareja con el desequilibrio vital.

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