The First Part of King Henry the Sixth, 1590
The Second Part of King Henry the Sixth, 1591
The Third Part of King Henry the Sixth, 1591
Dramas históricos
Se trata de tres obras de teatro, que junto a Ricardo III, conforman una de las dos tetralogías históricas de William Shakespeare. Estos tres textos fueron escritos al comienzo de su carrera, y no tienen la garra que caracteriza a su obra posterior.
Siguiendo una cronología histórica, y no por el orden en que fueron escritas, estas tres obras se sitúan después de la protagonizada por Enrique V, padre de Enrique VI, y antes de Ricardo III. Entre Enrique VI y Ricardo III, reinó Eduardo IV, que aparece en la tercera parte de esta trilogía y en Ricardo III.
Enrique VI fue para la Historia de Inglaterra un rey bien distinto a su padre, que simbolizaba la fortaleza, la grandeza patriótica y la conquista de Francia. En su caso, fue nombrado rey cuando era un bebé, y sus nobles regentes mantenían disputas que debilitaban al Estado, originando la Guerra de las Dos Rosas (contienda civil inglesa). Esta situación de debilidad propició la pérdida de Francia, desde cuyo territorio la legendaria Juana de Arco luchó hasta derrotar a Inglaterra. Su reinado supuso el fin de la Guerra de los Cien Años (entre Inglaterra y Francia).
Primera parte
La obra comienza en el entierro de Enrique V. Los nobles no pierden el tiempo: ya están discutiendo. Varios mensajeros anuncian que toda Francia se ha levantado. El regente Bedford se dispone a ir allí para combatir. Mientras, el obispo de Winchester tiene un plan para ocultar al joven rey y gobernar él Inglaterra.
En Orleans (ciudad de la Francia interior), las cosas no van muy bien para el ejército francés. Los ingleses se muestran fieros y difíciles de vencer. Una doncella que adivina el futuro por una gracia divina, se presenta ante el delfín Carlos (futuro Carlos VII de Francia). Se trata de Juana la Pucella (Jeanne la Pucelle, o Juana de Arco, luego santa patrona de Francia). Se presenta a sí misma como la salvadora de Francia, por mediación de la Virgen María. Carlos se enamora de ella, pero es rechazado.
Gloucester, el lord protector del rey Enrique VI, intenta entrar en la torre donde se encuentra, pero hay orden de Winchester de no dejarle pasar. El alcalde de Londres interviene y manda que cesen las hostilidades.
De nuevo en Orleans, el ejército francés comandado por Juana vence a los ingleses de lord Talbot y libera la ciudad. Pero a las pocas horas, los ingleses asaltan el recinto amurallado y vuelven a vencer. La condesa de Auvernia (Auvergne, región central francesa), invita a Talbot a su palacio (con la intención de apresarlo) y lo llama enano. Pero él viene pertrechado de un ejército, y hace pedir disculpas a la Condesa.
Luego viene la escena mítica fundacional de la simbología de la Guerra de las dos Rosas: unos cuantos nobles están discutiendo en el Jardín del Temple, en Londres. Ricardo Plantagenet, futuro duque de York, coge una rosa blanca e invita a sus partidarios a hacer lo mismo. Juan Beaufort, conde (después duque) de Somerset le imita, con una rosa roja, desde entonces símbolo de la casa de Lancaster, como la blanca de la de York. Enrique IV (Lancaster) había comenzado esta rivalidad cuando destronó a Ricardo II, y en esos momentos el rey Enrique VI era el Lancaster reinante.
Se celebra un acto de conciliación entre el obispo de Winchester y lord Gloucester, en el Parlamento. Los dos acceden a darse la mano, pero lo hacen falsamente. Ricardo Plantagenet es investido Duque de York por el joven rey.
Juana y sus soldados entran disfrazados en Ruán (Rouen, ciudad del norte de Francia) y la toman. Pero las huestes de Talbot contraatacan y vencen. Juana engatusa con sus palabras patrióticas a Borgoña, aliado inglés, y lo hace desertar.
París. El rey de Inglaterra ordena Conde a Talbot, por sus servicios. Los nobles continúan con sus disputas. Talbot llega a las puertas de Burdeos para recuperarla, pero del Delfín anda por allí. Mientras, en los llanos de Gascuña, al sur, York es reclamado para que luche junto a Talbot en Burdeos, pero no quiere ir porque opina que Somerset apoya a Talbot. Mientras, Somerset tampoco manda ayuda a Talbot porque estima que está luchando impulsado por York. Así que Talbot muere en la batalla, además de su hijo, que le acompañaba.
En la Corte de Inglaterra, el rey recibe carta del Papa instándole a firmar la paz. El obispo de Winchester ha sido elevado de rango y ahora es el cardenal Beaufort, lo cual le da más fuerza ante su oponente Gloucester. El rey acepta la paz, que incluye su boda con la hija del Conde de Armagnac, pariente del delfín Carlos, que aportará una gran dote.
Se está librando una nueva batalla en Angers (puerto fluvial, al oeste, antigua capital de Anjou). El ejército francés está perdiendo, y Juana invoca a los demonios, que aparecen pero no le hacen ni caso. Entonces es detenida por los hombres de York. Su futuro es la hoguera.
El conde de Suffolk, inglés, hace presa a Margarita. Ella es la hija del rey de Nápoles, también conde de Anjou y del Maine. Como la ve muy guapa, se le ocurre que será una buena esposa para el rey Enrique. Su padre accede, si conserva sus condados. Juana es llevada a la hoguera. En el camino reniega de su padre, pastor.
El delfín Carlos, ya rey de la mitad de Francia, firma la paz con Inglaterra ante York y el cardenal, aunque no piensa cumplirla. Suffolk convence al rey Enrique de las virtudes de Margarita, que acepta ser su esposo. Gloucester recuerda al rey que está comprometido con otra dama. No es escuchado, y Suffolk afirma feliz para sí: “Margarita va a ser reina y gobernará al rey; mas yo gobernaré a Margarita, al rey y al reino”. Fin de la primera parte.
La salsa de esta obra es la aparición de Juana de Arco, tratada por los ingleses de puta y de bruja. Lo demás son el reflejo de las querellas históricas entre nobles ingleses (representadas por la doble pugna Gloucester-Winchester y Somerset-York) y batallas entre Francia e Inglaterra en distintas ciudades francesas.
Segunda parte
La acción se desarrolla enteramente en Inglaterra, después de las guerras en Francia de la primera parte. Habíamos dejado al artero Suffolk urdiendo su treta para gobernar “al rey y al reino”, consistente en manejar a la reina Margarita. El argumento empieza con la recepción del rey a la nueva reina y la lectura del tratado de paz (por 18 meses) con Francia. Éste incluye la boda sin dote, y la cesión a Francia de Anjou y del Maine, ducados del padre de Margarita. Los nobles se lamentan de esta pérdida, puesto que es la llave militar de Normandía, territorio situado al norte de estas tierras cedidas. Acto seguido, todos ellos vuelven a sus conspiraciones.
Otra que también conspira es la mujer del duque de Gloucester. Él es leal al rey, pero ella quiere derrocarlo. La reina se queja a Suffolk de que el rey es demasiado religioso y no hace otra cosa que rezar. Además, no le gusta la duquesa de Gloucester ni los nobles que rodean al rey. Suffolk le dice que se los quitarán a todos de encima, utilizando al cardenal Beaufort.
Los nobles siguen a la greña. La reina maneja al rey, y le da un puñetazo a la duquesa de Gloucester. El rey elige como regente en Francia a Somerset, desechando a York. Luego, la duquesa de Gloucester, acompañada de un mago, una hechicera y un cura, invocan a un espíritu, que profetiza el negro futuro del rey, de Suffolk y de Somerset. Es una escena similar a otra de Macbeth (la primera del acto IV).
Gloucester y Beaufort se convocan a un duelo (que no tendrá lugar) durante una jornada de caza con el rey en Saint-Albans, 40 kilómetros al norte de Londres (actual St Albans o San Albano). El alcalde y los habitantes llegan en procesión para presentar a un ciego de nacimiento que acaba de recobrar la vista gracias a San Albano, aunque sigue siendo cojo. Gloucester le pregunta por los colores de los trajes y él los dice. Como eso demuestra que es un falso milagro, lo manda azotar. Al primer azote, se va corriendo, desvelándose también que su cojera era mentira. El rey es informado de la conjura del espíritu profeta.
El duque de York se considera el legítimo heredero al trono de Inglaterra, y así lo hace saber a sus partidarios. La duquesa de Gloucester es condenada al exilio en la isla de Man (estado británico en el Mar de Irlanda) y la hechicera a la hoguera. Gloucester entrega su bastón de protector del rey y se retira. La reina, Suffolk, Beaufort, York y Buckingham le dicen al rey que Gloucester es malvado y traidor. Pero el rey les responde que no, que es virtuoso. Somerset llega de Francia contando que allí todo está perdido. Los lores y la reina insisten en la culpabilidad de Gloucester, mandan apresarlo y, ya en ausencia del rey, deciden su muerte.
Llegan noticias de que Irlanda se rebela, y York es enviado allí para sofocar la sublevación. Eso conviene a sus planes de derrocar al rey, porque así cuenta con un ejército propio. Se va a celebrar el juicio contra Gloucester pero Suffolk ya lo ha mandado matar. El rey llora su muerte, y la reina hace un discurso absolutamente hipócrita. Ante el cadáver, Warwick acusa a Suffolk de asesino. El rey manda a Suffolk al destierro. Antes de irse, se despide de la reina y los dos lamentan su separación con palabras de amor. El Cardenal Beaufort muere en su cama, tras una agonía de culpabilidad. Y Suffolk perece a manos de unos piratas, en la costa de Dover (ciudad portuaria del sur de Inglaterra).
Una panda de analfabetos desharrapados, comandada por Jack Cade (esbirro del duque de York) llega hasta Londres para deponer al monarca. La reina llora con la cabeza cortada de Suffolk en su regazo. Los hombres de Cade queman, destrozan y asesinan; maldicen la escritura y a la nobleza; cortan cabezas y las llevan de estandarte. El rey huye al castillo de Kenilworth (en Warwickshire, el condado natal de Shakespeare), donde le comunican que la insurrección ha sido sofocada pero Cade ha huido. Por otro lado, York se acerca peligrosamente con su ejército, procedente de Irlanda. El rey se lamenta de lo mal que gobierna (“mi desastroso reinado”). Cade muere a manos de un hidalgo de Kent.
York llega con su ejército a Kent, cerca del campamento del rey, para derrocarlo. Buckingham le pregunta qué viene a hacer y él miente diciendo que quiere alejar del rey a Somerset. Buckingham le responde que Somerset ya está prisionero (es una treta del rey). York tiene que disimular y va a presentarse ante el rey, al cual cuenta que venía para desplazar a Somerset y luchar contra Cade. Pero Somerset aparece por allí y la cosa se lía. Tanto que se organiza una batalla entre los dos bandos: York y Lancaster, en Saint-Albans. En ella muere Somerset y vence York; y el rey huye a Londres. Con esta batalla se inaugura la Guerra de las Dos Rosas y termina la obra de teatro.
Esta segunda parte hace hincapié en las disputas y conspiraciones de los miembros de la corte. La figura del rey es presentada como la de un hombre bueno pero débil, mientras que la reina es malvada. Las partes más interesantes son, por un lado, la invocación del espíritu profeta, y por otro, las intervenciones de la “gentuza” de Jack Cade, cuya revuelta y caracterización es tan exageradamente ridiculizada que casi obliga al lector a ponerse de su parte, pese a sus horribles desmanes.
Tercera parte
Ricardo Plantagenet, el duque de York, llega a Londres con sus soldados y partidarios, tras su victoria en la batalla de Saint-Albans, y toman el Parlamento, con rosas blancas en sus sombreros. York se sienta en el trono del rey. Entra el rey con su séquito, con rosas rojas en sus sombreros. Ante su situación de desventaja, el rey nombra su heredero a York (desheredando a su hijo), a condición de que le deje seguir siendo el rey hasta que muera. Los nobles partidarios de Enrique se enfadan y se van. La reina le llama miserable y le dice que luchará junto a su hijo el príncipe Eduardo. York y los suyos pretenden tomar la corona ya, pero el ejército de la reina entra en combate, en Wakefield, cerca del castillo de Sandal. Las tropas de York pierden, y tanto el duque como su hijo pequeño mueren. Los otros hijos de York, Eduardo y Ricardo, sobreviven, y ven tres soles en el cielo, que luego se unen. Eduardo dice que a partir de entonces llevará tres soles en su escudo, y Ricardo le contesta que mejor ponga tres lunas, porque ama más a las hembras que a los varones. Esta visión (parhelio, también un fenómeno óptico) representa a los tres hijos supervivientes del duque de York: Eduardo de York, Jorge de Clarence y Ricardo de Gloucester (que será Ricardo III).
Nueva batalla, entre Towton y Saxton (cerca de York). Warwick es el noble que lucha con los hermanos York. Y Clifford el que está con la reina y sus tropas. Al rey no le dejan ni hablar ni combatir, y se sienta en una roca a reflexionar sobre lo feliz que sería de pastor. Por allí pasan tanto un hijo que ha matado a su padre como un padre que ha matado a su hijo, y el rey se une a sus lamentos. Clifford muere; la batalla está ganada para los York; los reyes huyen. La cabeza de Clifford sustituye expuesta en la ciudad de York a la del duque Ricardo. Warwick propone a Eduardo de York casarse con Lady Bona (hermana del rey Luis XI de Francia) para asentar un nuevo reino en paz con Francia.
Eduardo IV ya es rey. El anterior, Enrique VI, es apresado en Escocia y llevado ante él. Una viuda, Lady Grey, se presenta ante Eduardo para pedir el restablecimiento de los bienes de su marido, que murió apoyando a la triunfante casa de York. Eduardo le pide que sea su amante a cambio, pero ella rehúsa y entonces le pide en matrimonio. Ricardo de Gloucester, aparte, desvela que, teniendo en cuenta su deformidad física, aspira a la corona.
La reina anterior, Margarita, va con su hijo el príncipe Eduardo a pedir ayuda al rey de Francia, Luis XI. Pero llega Warwick para solicitar en nombre de Eduardo IV la mano de Lady Bona. Luis XI acepta el casamiento, pero entonces llegan cartas que anuncian que Eduardo IV se ha casado con Lady Grey. Warwick se pasa al bando de los Lancaster, y para demostrarlo, ofrece la mano de su hija al príncipe Eduardo, que la acepta. El rey de Francia envía su ejército contra Eduardo IV.
Clarence abandona a su hermano Eduardo para pasarse al otro bando; pero Gloucester se queda, no por amor a su hermano, sino para poder alcanzar la corona. Warwick hace prisionero al rey. La reina, embarazada, se refugia en un convento. Gloucester libera a Eduardo, su hermano, y lo envía a Flandes. Por su parte, los partidarios de Enrique VI lo liberan de su prisión también. Una vez libre, Enrique abdica en Warwick. Pero poco dura la alegría. Eduardo llega a Londres y apresa de nuevo a Enrique. Luego marcha hacia Coventry para luchar contra Warwick. Allí se les une Clarence de nuevo. En la batalla de Barnet (cerca de Londres), muere Warwick. Y en la de Tewkesbury (al oeste de Inglaterra), las tropas de Eduardo vuelven a ganar, apresando a la reina Margarita, esposa de Enrique VI, y matando a su hijo. Por su parte, Gloucester entra en la celda de Enrique VI y lo mata, proclamando después que “no tengo piedad, ni amor, ni miedo”. Eduardo IV reina ya confiado, junto a su mujer y su hijo pequeño, y acompañado de sus hermanos Clarence y Gloucester. Este último, disimulando su odio hacia todos ellos.
Esta tercera parte no tiene un rincón para el respiro. Todo son batallas, apresamientos, muertes, traiciones y conjuras. Refleja en su propia estructura la complejidad de los distintos episodios de la Guerra de las Dos Rosas, lo cual la convierte en territorio áspero. La única escena humorística se produce cuando Eduardo pide la mano de Lady Grey, tras rechazar ésta ser su concubina. Y el personaje de más fuerza dramática es el villano Gloucester, que precisamente protagonizará la obra siguiente, Ricardo III.
No hay ninguna película basada en Enrique VI. Tan sólo aparece datada alguna producción televisiva. Lo que sí abundan son los filmes sobre Juana de Arco, personaje de la primera parte: Cecil B. DeMille, 1917; Dreyer, 1928; Victor Fleming, 1948 y Rossellini, 1954 (las dos con Ingrid Bergman); Otto Preminger, 1957; Robert Bresson, 1962; y Luc Besson, 1999. Se echa en falta alguna producción con Jack Cade y sus secuaces asolando Londres en la segunda parte. En el Ricardo III (1955) de Laurence Olivier hay fragmentos de la tercera parte de Enrique VI.
Algunas de las sentencias que contiene la obra:
Primera parte
La gloria es como un círculo en el agua, que se agranda hasta que desaparece a fuerza de extenderse.
Los huéspedes no invitados son a menudo bienvenidos cuando se marchan.
De todas las bajas pasiones, el miedo es la más maldita.
Segunda parte
Es un honrado engaño el que se adelanta y hace fracasar la astucia del hombre que pretendía engañar primero.
Los zánganos no chupan la sangre del águila; se contentan con robar los panales de las abejas.
Tercera parte
No hay que fiarse de quien ha violado una vez su palabra.
Ficha de la obra, por Susanna Sacs:
Primera parte
http://www.williamshakespeare.netfirms.com/enrique_vi_(primera_parte).htm


29 Julio 2008 a las 3:31 pm |
[...] 1590 La primera parte del rey Enrique VI [...]
20 Agosto 2008 a las 7:08 pm |
[...] Cade es uno de los personajes de la segunda parte de la trilogía Enrique VI (1591), de William Shakespeare. En esa obra de teatro se hace un repaso por las guerras civiles [...]
26 Agosto 2008 a las 2:09 am |
Creo que estaré visitando este sitio.. hoy precisamente pensé que me iba a poner a leer a Shakespeare…
Mientras lo hago, ¿podrías ayudarme?
Necesito una frase en español de Enrique VI.
“What stronger breastplate than a heart untainted?”
(Es para una traducción, está citada en un libro sobre el “ego” dirigido a empresarios. Significa: ¿Qué armadura más fuerte que un corazón sin mancha?, pero me gustaría tener la versión publicada en español (en la traducción más aceptada).
Gracias de antemano.
26 Agosto 2008 a las 2:30 am |
En la edición que estoy leyendo, traducida por Luis Astrana Marín, la frase es ésta (y su contexto):
Enrique VI, segunda parte.
Acto Tercero, Escena II
Rey:
¡Qué coraza de bravura la de un corazón inocente! Está armado tres veces aquel cuya querella es justa, y se halla desnudo, aun cuando se encuentre revestido de acero, aquel cuya conciencia está corrompida por la injusticia.
Y en la traducción de Elvio E. Gandolfo, disponible en parte en Internet (aunque mal identificada como “Enrique V”, el fragmento es así:
http://books.google.com/books?hl=es&id=Bp46CtBFLf8C&dq
Rey:
¿Qué coraza más fuerte que la de un corazón puro?
Tres veces está armado quien cree justa su querella
y desnudo, aunque de acero revestido,
aquél cuya conciencia la injusticia corrompe.
Espero que te sirva.
26 Agosto 2008 a las 3:01 am |
Qué veloz tu respuesta. Te agradezco montones. Del primer verso, me gustó más la primera traducción… y de los otros tres, la segunda.
Me sirvió mucho y me ayudó a avanzar en mi trabajo.
Suerte con tu lectura de Shakespeare.
28 Agosto 2008 a las 8:58 pm |
Antonio:
No sé qué tanto te interese, pero finalmente dejé ese primer verso así:
“Qué coraza más fuerte que un corazón puro” (porque la idea es que el corazón hace las veces de coraza, y no que el corazón tiene una coraza). La traducción lo lleva a uno a este tipo de extremos y sutilezas.
Gracias de neuvo.
28 Agosto 2008 a las 10:14 pm |
Me alegro de haber ayudado en esa traducción. De nada, encantado.
23 Marzo 2009 a las 6:44 pm |
[...] Henry VI (Enrique VI) (1590-1591) TRES PARTES [...]
23 Marzo 2009 a las 9:12 pm |
[...] III (1327-1377); Ricardo II (1377-1399); Enrique IV (dos partes, 1399-1413); Enrique V (1413-1422); Enrique VI (tres partes, 1422-1461); Ricardo III (1483-1485); Enrique VIII [...]
20 Julio 2009 a las 11:55 pm |
Tengo una pregunta…
cuales son los motivos, simbolos y temas de la tercera parte de Henry VI???
Gracias de antemano
21 Julio 2009 a las 1:25 pm |
Carol, como bien escribo ahí arriba, los motivos y símbolos son las rosas de los dos bandos y los soles del parhelio; y el tema, la confrontación por el poder. Simplemente léete el artículo y extracta. O mejor, la obra original. Saludos.
21 Julio 2009 a las 12:56 am |
=(
26 Agosto 2009 a las 6:25 pm |
Antonio, muchas gracias por provocar mi admiración hacia Shakespeare. No he podido dejar de leerlo!.
Me interesa saber cómo podría traducirse al español la siguiente línea de Enrique VI:
CADE: Nay, that I mean to do. Is not this a lamentable thing, that of the skin of an innocent lamb should be made parchment? that parchment, being scribbled o’er, should undo a man? Some say the bee stings: but I say, ’tis the bee’s wax; for I did but seal once to a thing, and I was never mine own man since. How now! who’s there?
Comprendo el contexto en que se dice la frase, pero quisiera poder “internalizarla” en español.
26 Agosto 2009 a las 7:12 pm |
Bueno, parece algo confusa pero en la traducción que yo manejo queda claro que es una diatriba contra la escritura, desde el punto de vista del analfabeto que se ve pisoteado por los leguleyos. Lo completo con la intervención anterior de Dick:
Dick.-La primera cosa que tenemos que hacer es matar a todas las gentes de ley.
Cade.-¡Pardiez! Eso es lo que me propongo hacer. ¿No es una cosa lamentable que la piel de un inocente cordero se convierta en pergamino, y que el pergamino, una vez lleno de escritura, pueda arruinar a un hombre? Algunos dicen que la abeja pica; pero yo digo que es la cera de la abeja; no he sellado más que una vez cierta cosa, y después no he sido ya dueño de mí mismo. ¿Qué pasa? ¿Quién viene aquí?
Espero que te sirva.