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Coriolanus, 1608

Tragedias

Forma parte del grupo de últimas tragedias. Al igual que las tres obras anteriores (ver la cronología), está ambientada en la antigüedad grecolatina, en este caso en la Roma del siglo V antes de Cristo. Cayo Marcio Coriolano es una figura legendaria glosada por Plutarco en sus Vidas Paralelas. Cierra la trilogía romana, tras Julio César y Antonio y Cleopatra.

Esta obra -eminentemente política- es una de las pocas de Shakespeare que ha sido prohibida en una democracia. La causa: su utilización en Francia por parte de elementos fascistas en la década de los años 30 del siglo XX. El poeta T. S. Eliot (premio Nobel en 1948) lo consideraba el mejor de todos los dramas de Shakespeare.

Aunque basada en una leyenda, tiene formato de drama histórico. Como en el resto de composiciones finales de su autor, el elemento trágico se mezcla con escenas satíricas. El tema general es la soberbia, en el marco del uso del poder.

Todo arranca con una escena de lucha de clases. Un grupo de ciudadanos romanos han iniciado una revuelta, y manifiestan que Coriolano (que todavía no tiene ese nombre y es aún Cayo Marcio) es el principal enemigo del pueblo y hay que matarlo. Argumentan que los mandatarios viven en la opulencia mientras el pueblo está en la miseria. El malicioso noble Menenio les dice que no tienen que atribuir su penuria al Estado, sino a los dioses, y les relata un cuento: un día, todos los miembros del cuerpo se sublevaron contra el estómago, siempre ocupado en tragar, mientras el resto trabajaba; el estómago respondió que la comida recibida la repartía luego al resto del cuerpo a través de la sangre. Así, los senadores de Roma serían el estómago y los sublevados, los miembros rebeldes.

Entra en escena Marcio (Coriolano), insultando a los ciudadanos, pidiendo que los ahorquen y lamentando que el senado haya concedido “cinco tribunos de su elección para defender sus opiniones vulgares” (un tribuno era un representante de cada tribu). Un mensajero le anuncia que los volscos (pueblo guerrero italiano sin romanizar) están en armas, de lo cual se alegra, porque la guerra servirá para “desahogar el exceso de podredumbre” de la población.

Marcio se pone a las órdenes de Cominio para luchar contra los volscos, liderados por Aufidio. Bruto y Sicinio, tribunos representantes del vulgo, afirman que Marcio es tan orgulloso que su segundo puesto le valdrá para atribuirse los honores de Cominio.

En la ciudad de Corioles (o Corioli) está reunido el senado volsco con Aufidio. Son conscientes de que en Roma ya saben que se han levantado en armas, y Aufidio asegura que luchará cuerpo a cuerpo con Marcio.

En la casa de Marcio en Roma, su madre Volumnia y su esposa Virgilia conversan mientras cosen. Volumnia muestra su carácter: prefiere hijos que mueran con honor a otros que vivan en la inacción. Les visita Valeria, que insiste en que salgan juntas a la calle. Virgilia prefiere esperar en casa hasta que su marido vuelva de la guerra. Volumnia y Valeria la dejan.

Marcio combate con valor rayano en la temeridad y consigue tomar Corioles. Luego pide hombres a Cominio y se enfrenta con Aufidio, al que pone en fuga. Cominio propone llamarlo a partir de entonces Cayo Marcio Coriolano, en recuerdo de su victoria sobre Corioles. Coriolano dice que no merece tanos honores. Luego pide la liberación de un ciudadano de Corioles, al que estima, pero no se acuerda de su nombre. Aufidio, ya entre los suyos, jura vengarse de Marcio y matarlo.

Sicinio y Bruto (dos de los tribunos representantes del pueblo) conversan con el irónico Menenio. Éste los trata de tontos y ridículos, por acusar a Marcio (Coriolano) de orgulloso. Volumnia, acompañada de Virgilia y Valeria, informan a Menenio de que Marcio vuelve victorioso. Menenio se alegra mucho.

Coriolano llega a Roma rogando que cesen las aclamaciones a su favor y se arrodilla ante su madre Volumnia. El pueblo está enfervorizado: todos le aclaman como un héroe. Sicinio y Bruto se dirigen al Capitolio, donde se dice que Marcio será nombrado cónsul.

Capitolio (sede del gobierno de Roma). Dos empleados comentan que Coriolano siempre se ha manifestado abiertamente en contra de los ciudadanos, pero también que se ha ganado su buena fama mediante sus hazañas. El general Cominio habla ante el senado. Los tribunos piden que Coriolano muestre más amor hacia el pueblo. Coriolano se ausenta, según dice, para evitar oír cómo se exageran sus hazañas. Cominio relata las virtudes de Coriolano, los senadores deciden hacerle cónsul, y sólo falta un trámite: que Coriolano solicite a los plebeyos sus votos favorables. Pero Coriolano no quiere hacer eso, aunque acaba aceptando a regañadientes. El rito consiste en pedir personalmente a los ciudadanos su apoyo para ser cónsul, pero Coriolano lo hace con desprecio. Aun así, se le concede. Sicinio y Bruto hablan luego con sus representados y les preguntan por qué le han nombrado, si se burlaba de ellos. Los ciudadanos deciden revocar su decisión, y son aconsejados por los dos tribunos de que les acusen a ellos mismos de haber dado sus primeros votos.

Coriolano es informado de que su enemigo Aufidio ha proclamado que quiere matarlo, y dice desear tener un motivo para ir hasta Antio, donde se encuentra, para desafiarlo. Sicinio y Bruto anuncian que los ciudadanos han revocado su voto y se han vuelto a sublevar. Coriolano se enfada y se muestra más insolente que nunca contra el pueblo.

Llegan los plebeyos y se produce una turbamulta. Menenio intenta poner paz, pero Sicinio y Bruto y sus ciudadanos representados pretenden matar a Coriolano. Éste consigue escabullirse. Menenio intercede por su amigo Coriolano y pueblo y tribunos acceden a que comparezca en el foro. Menenio y los senadores van a buscarlo.

Volumnia, grandísimo personaje maquiavélico de la obra, madre y forjadora de la personalidad del protagonista, aconseja a su hijo que se muestre más dócil ante el pueblo, dirigiéndole palabras falsas. Lo justifica comparando los tiempos de paz con los de guerra, en la que se utiliza la falsedad para ganar. Coriolano no acaba de estar convencido, pero ante la insistencia de su madre vuelve a la plaza pública para hablar “con dulzura” al pueblo (al que desea ahorcar cada vez que habla de ellos).

Sicinio y Bruto están en el foro preparando al pueblo para que actúen de eco suyo cuando Coriolano sea condenado. Llega Coriolano, y los tribunos le acusan de querer abolir las libertades, traicionando a Roma. Cuando Coriolano oye que le llaman traidor, monta de nuevo en cólera, y desatendiendo los consejos de su madre y sus amigos, vuelve a maldecir a todos: “¡Jauría de ladrones perros populares!”. Es condenado al destierro, y a morir despeñado en la Roca Tarpeya (mítico lugar desde donde se arrojaba a los traidores) si vuelve.

Ante una puerta de Roma, Coriolano se despide de su madre, su esposa y sus amigos, y se va. Puertas adentro, Bruto y Sicinio se encuentran con Volumnia, que los maldice encolerizada. Hasta aquí la parte de la obra que -hasta cierto punto- puede contentar a los partidarios de las democracias contra las dictaduras. Lo que viene luego servirá para dejar descontento a cualquier lector/espectador.

El romano Nicanor, espía de los volscos, se encuentra con el volsco Adriano. Le cuenta que en Roma basta una chispa para encender los enfrentamientos, porque los nobles están soliviantados con el destierro de Coriolano. Además, no tienen a éste para defenderlos de un ataque exterior. El triunfo de la democracia ha dejado desamparada a Roma.

Coriolano llega disfrazado a Antio, en territorio volsco, donde se encuentra su enemigo Aufidio. Se propone ponerse al servicio de los volscos. Llega ante Aufidio, se identifica y éste lo acoge con alegría, dándole la mitad del mando del ejército que está preparado para luchar de nuevo contra Roma. Los criados de Aufidio tienen una divertida conversación que termina con una genial alabanza de la guerra frente a la paz.

En Roma todo parece plácido. Los ciudadanos saludan a los tribunos, y el otrora mordaz Menenio parece conforme con la situación. Pero de repente, la situación cambia: llegan noticias del ataque de Aufidio y Coriolano. Los nobles acusan a los tribunos, y los ciudadanos lamentan haber propiciado el destierro de Coriolano. Mientras, en el bando volsco, Aufidio ve cómo Coriolano se comporta con demasiado orgullo, dejándole a él en segundo plano. Pero pronostica que eso será por poco tiempo.

Cominio ha ido a hablar con Coriolano pero sólo ha obtenido su desdén y la promesa de incendiar Roma. Sicinio y Bruto piden a Menenio que lo intente también. Coriolano tampoco se reblandece ante su anciano amigo. Siguiente expedición al campamento volsco: Volumnia y Virgilia, acompañadas de Valeria y del hijo de Coriolano. Volumnia toma la palabra ante su hijo, implorándole que perdone a Roma. Coriolano, conmovido -y ya consciente de que cambia la supervivencia de Roma por su propia muerte-, pide a Aufidio que dicte qué paz quiere imponer. Aufidio se congratula de su golpe de suerte.

En Roma, donde el pueblo ha estado a punto de quemar a fuego lento a Bruto, se recibe con gran fiesta a Volumnia y su compañía. Mientras, en Corioles, Aufidio prepara su estrategia. Llega Coriolano presto a leer su tratado de paz con Roma (favorable a los volscos), pero Aufidio, que tiene unos cuantos conspiradores para inflamar al pueblo, le acusa de traidor. Coriolano se enfada por última vez: Aufidio y los suyos lo matan. Aufidio despide la obra, resaltando el honor de Coriolano.

Nueva entrega de las desencantadas tramas escritas por Shakespeare en sus últimos años. El protagonista es un personaje soberbio y ruin, disfrazado con la honra militar; su madre, una arpía con el único motor de la ambición enfocada en su hijo; los nobles romanos, personajes privilegiados desprovistos de humanidad; los representantes del pueblo, políticos manipuladores como los que supuestamente combaten; y el pueblo mismo, una masa aborregada que se deja manipular. La democracia (la república romana) no sirve. Las victorias militares, tampoco. Nada ni nadie se salva de la crítica lacerante. No hay esperanza.

Aparte de las adaptaciones para la televisión (en 1951, 1965 y 1984), Coriolanus fue grabada en vídeo en 1979 por Wilford Leach, con Morgan Freeman en el papel principal y Denzel Washington entre los secundarios. El actor Ralph Fiennes dirigió en 2011 su primera y estimable película, basada en esta obra y ambientada en nuestros días, protagonizada por él mismo y la actriz Vanessa Redgrave.

Algunas de las sentencias que contiene la obra:

No han faltado hombres poderosos que han alabado al pueblo sin haberle amado nunca, y muchos de ellos que el pueblo ha amado sin saber por qué.

El valor es locura cuando quiere sostener un edificio que se cae.

El orgullo echa a perder al hombre favorecido por el éxito.

 

Referencias externas

Referencias externas

Ficha de la obra, en Biografías y Vidas:

http://www.biografiasyvidas.com/monografia/shakespeare/coriolano.htm