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Phaeton to his friend Florio, 1591

Poesía

Soneto laudatorio dedicado por alguien cuyo seudónimo es “Phaeton” a John Florio (Londres, 1553-1625), famoso por sus traducciones de Montaigne y sus diccionarios de varias lenguas. Florio era de origen italiano y su obra influyó en la de Shakespeare. El autor aprovecha el nombre de pila de su amigo para compararlo admirativamente con la primavera.

En la mitología griega (Metamorfosis de Ovidio, libro II), Faetón es un hijo de Helios (Sol), que monta en el carro de su padre para presumir y provoca catástrofes al no saber conducirlo bien. Zeus, enfadado, le envía uno de sus rayos y lo hace caer, muriendo en el impacto.

El poema aparece en un libro de Florio, Second fruits (1591), que es un manual de gramática y lengua italianas. La atribución de su autoría a William Shakespeare genera controversias, aunque todos los expertos coinciden en que es un texto de calidad. Sería el primero de Shakespeare publicado, anterior al que llevó su nombre por primera vez, Venus y Adonis (1593). Según Joseph Sobran (en la web de la Asociación Shakespeare Oxford), el soneto “es rico en términos, conceptos e imágenes de Shakespeare”.

Ofrezco aquí el texto en inglés y la traducción de Luis Gago al español, la primera que se ofrece al público hispanohablante.

 

Phaeton to his friend Florio, 1591

Sweet friend, whose name agrees with thy increase,
How fit a rival art thou of the Spring!
For when each branch hath left his flourishing,
And green-locked Summer’s shady pleasures cease,

She makes the winter’s storms repose in peace,
And spends her franchise on each living thing,
The daisies sprout, the little birds do sing,
Herbs, gums and plants do vaunt of their release;

So when that all our English wits lay dead
(Except the laurel, that is ever green),
Thou with thy Fruits our barrenness o’erspread,

And set thy flowery pleasance to be seen;
Such fruits, such flowerets of morality,
Were ne’er before brought out of Italy.

 

Faetón a su amigo Florio, 1591

Dulce amigo de nombre tan certero,
¡cuán digno rival de la primavera!,
pues cuando el árbol reverdece entero
y agosta estío la sombra postrera,

ella aplaca en invierno el aguacero,
su don todo ser vivo regenera,
brota la prímula y canta el jilguero,
prodígase natura, se libera.

Cuando el ingenio inglés muerto yacía
(salvo el laurel, de verde sempiterno),
nuestra tierra dejó de ser baldía

al revelarnos tu vergel hodierno;
tan altos frutos como aquí se vieron
jamás fuera de Italia aparecieron.